Y mucho...

Recuerdo muy seguido los festejos en el patio de abajo.

A veces no había motivos, solo había ganas de festejar, o de matar penas o broncas tirando carne a a la parrilla y sirviendo vinos en vasos que se iban rotando. También recuerdo esa terraza dónde rompimos hígados casi hasta la muerte, y donde una vez incluso se me dio por rearme casi la mitad de la cabeza.

Tengo esos recuerdos tan latentes como el "no sabemos que más hacer" de los médicos.

Tengo esos recuerdos latentes porque uno llevo al otro. El patio se vacío porque los médicos aparecieron.

Pero se vacío el patio y se vacío la cocina, el living, la habitación.

Los meses corrían, corren, y seguramente seguirán corriendo, y con ellos, se seguirán vaciando.

En unos días llega "Ágata Filomena", mi nueva compañera. Es tan bizarro como hermoso estar esperando un poquito de autonomía.

Es duro. Para todos. Supongo que para ellos, quienes están y quienes se fueron o quienes no saben mucho que hacer, más que para mi, nadie sabe como manejarse con un "enfermo".

Hay ausencias que hace meses duelen cada vez peor.

Una canción dice "durmiendo no aprendes nada", y es verdad.

Pero al menos, durmiendo, tampoco siento dolor.

Te extraño, a vos, y a vos también. Y a nosotros también. Y a ellos también.

Y me extraño a mi, también.

Mi mundo por segunda vez a veces duele.

Y mucho.


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