La alegría del tango

Yo nunca había ido a una milonga, hasta este domingo 9 de julio. Era un día lluvioso, nublado. Mis tacos golpeaban el asfalto con un `tac, tac, tac, tac` muy rápido. Cuando finalmente llegué a la puerta un señor vestido de traje me informó que el lugar que yo buscaba estaba subiendo las escaleras de la derecha. Le hice caso y llegué, con el corazón bastante agitado, por la cantidad de escalones y por la emoción. Antes de la puerta que conduce a la milonga solidaria “JugarxJugar” me encontré con un muchacho sentado detrás de un escritorio. Le informé que iba a hacer una nota acerca del evento y me invitó a pasar.

La música siempre transporta, pero resulta aún más mágico cuando nos transporta a todos al mismo lugar. En ese mismo momento se encontraba la profesora Ana María Schapira dando la clase en el centro del alargado salón. Me indicaron que me sentara en la mesa al lado de la puerta; alrededor de la pista había mesas y sillas, y en la pared, luces verdes, azules, rojas y amarillas.

Hugo Maffi, uno de los organizadores y el fundador de “JugarxJugar”, caminaba por todo el salón saludando con cariño a todos y cumpliendo las funciones de anfitrión. Muchos son los que organizan y colaboran en el evento, es un equipo que, con convicción y amor, logran que todos los segundos domingos de cada mes la milonga salga lo mejor posible y que todos pasen un buen rato.

Hugo tiene 63 años, es alto, simpático y muy amable. Me contó que desde chico le gustan las cosas solidarias y me comentó que por un acto “de iluminación” un día se dio cuenta de que siempre había mezclado lo artístico, con el juego, con el entretenimiento y con lo solidario. “Hace 9 años, un día les planteé a mis hijos que tenía ganas de volver a hacer algo. Había estado haciendo juegos con distintos grupos, y empezamos haciendo cosas chiquitas con los amigos, algunas en mi casa, que es un departamento común, pero apiñados entrábamos todos ahí, y después, cuando le dimos forma el proyecto pasó a llamarse “JugarxJugar solidariamente”, JugarxJugar, porque no buscábamos estimular ninguna competencia, el objetivo era juntarse, jugar y pasar un buen momento, y siempre presentábamos algún proyecto social. Lo que buscábamos, y seguimos buscando, es comunicar, es decir, contar historias, contar anécdotas de distintos proyectos que íbamos presentando para que a quien le interesara se fuera sumando cuándo, cómo y desde donde lo sintiera”. Después de un tiempo, hace aproximadamente cuatro años, se transformó en milonga, sin perder su esencia característica.

Al terminar la clase, uno por uno se fue sentando en sus respectivas mesas. En la mesa, en la que estaba yo se sentó un hombre corpulento vestido de traje, llamado Nicolás. Con una sonrisa, que nunca abandonaba su cara, me comentó que empezó a bailar hace dieciocho años, por un desamor. Mientras vivía su duelo, sus amigos le dijeron que fuera a bailar tango y, luego de ir a algunas clases solamente como observador, empezó y no dejó de hacerlo desde entonces. “Todos lo tenemos adentro, va madurando, pero por una introspección se empieza a desarrollar”. Cuando le pregunté específicamente por la milonga “JugarxJugar” me dijo que la conoció por un amigo y que le gustaba porque “tiene un espíritu afectivo”. “Uno hace lo que le gusta y además colabora”.

Todos con los que hablé esa noche me comentaron de la cantidad de códigos que existen en una milonga, y sé que no pude enterarme de todos. Laura, transparente y muy dulce, es una de las colaboradoras en “JugarxJugar” y me explicó que los hombres sacan a bailar a las mujeres con un movimiento de cabeza llamado “cabeceo”. Si la mujer quiere, le responde que sí con la cabeza, sino, no hace nada. En ese caso, los hombres comienzan a buscar a otra mujer con la cual bailar. Me explicó que se hace de esta forma para no comprometer a ninguna de las dos partes, en caso de rechazo. Con mi rol de investigadora curiosa a flor de piel traté de ver algún cabeceo, pero son tan íntimos e imperceptibles que no lo logré. Además, Marcelo, con camisa blanca y abundante cabellera, me comentó que en esta milonga no es obligatorio el cabeceo, como sí lo es en otras más tradicionales. Además, en “JugarxJugar” hombres y mujeres se sientan juntos.

Más allá de este código, existen otros, por ejemplo, a la hora de bailar en la pista. Marcelo me comentó que todas las parejas deben ir en el sentido contrario a las agujas del reloj, para evitar chocarse. Además, en las milongas, “el buen bailarín baila lindo en un espacio reducido”, me confirmó Nicolás y que se deben tener en cuenta a todas las personas que están bailando con uno, además de la pareja de baile, para no lastimar a nadie. Agregó: “un profesor mío decía: La pista está para bailar con todos, si querés exhibirte, ahí está el escenario, ganátelo”. Varios me comentaron que estos códigos se están perdiendo, pero que es muy importante que se traten de recuperar. La profesora Ana María Schapira comentó que antes había una unión más fuerte tanto entre las parejas como entre los demás.

Al mirar la pista de baile me concentré en los ojos de los bailarines, algunos cerrados y otros atentos; en los abrazos, unos más cerrados, otros más abiertos; y en los pies, algunos tacos subían un poco y bajaban, creando cada pareja un baile y un camino propio. Una milonga se compone de tandas de tango, folclore, vals.

Una tanda tiene cuatro canciones. Mientras mis ojos seguían clavados en la pista le pregunté a Nicolás por qué al terminar una canción se quedaban parados charlando; me explicó que es por un tema de interpretación, ya que se comienza a bailar cuando se puede comenzar a sentir la pieza. Marcelo, que baila hace diez años, me dijo algo parecido. Me comentó que la interpretación es muy importante.

Además, cuando le pregunté qué le gustaba del tango me dijo que “es el único lugar en el que es legal abrazar a un desconocido”. Me confirmó que al principio esto le costaba, pero que ya no, que ahora le gusta eso, porque es interesante cómo se puede generar una intimidad con un extraño.

Hubo dos momentos centrales en la noche, dos momentos donde las luces se atenuaron momentáneamente, indicio de que hay que dejar lo que se está haciendo y prestar atención. Indicio de un corte. La primera vez que esto sucedió fue para dar comienzo al Himno Nacional Argentino. Todos estábamos de pie mirando el video proyectado en la pared blanca del escenario, donde se mostraban instrumentos autóctonos interpretar la música, dándole otra fuerza. Hay algo que tiene el escuchar muchas voces juntas, siguiendo una melodía, compartiendo un sentimiento de unidad. Hay algo que tiene el Himno Nacional Argentino, algo que hace que me transforme sólo en sentimientos y que me deje llevar por la música y el momento compartido.

El segundo momento es el más importante y el que se repite todos los segundos domingos del mes en la milonga solidaria “JugarxJugar”. Hugo, con el micrófono en mano, contó todo lo que se fue haciendo hasta el momento, contó que hace cuatro años presentan el trabajo de APAER (Asociación de Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales de la República Argentina) y lo que implica, también explicó que se estaba recaudando dinero para llevar leche a Escuelas Rurales apadrinadas en el Impenetrable Salteño y que en una escuela en Misiones se construyó un aula financiada 100% desde Milonga Solidaria “JugarxJugar” y otros logros. Antes de concluir dijo una frase que quedó resonando en mi cabeza: “esto, gente, lo hicimos entre todos”.

Hugo me aseguró varias veces que sin la gente no se podría hacer nada, que realmente las metas se logran entre todos. Para él es muy importante compartir con todos lo que se fue haciendo, porque todos lo que fueron alguna vez son parte de ese ladrillo. “A la milonga la hace la gente”.

También me comentó que baila hace catorce años y que el baile le permite expresarse. “Creo que es un juego aceptado socialmente, porque vos podes jugar a que sos el bailarín que te guste y cuando vas a la milonga es un juego de representación, de roles. Vos ves a la gente bailar y no hace falta que te explique ni te cuente cómo es. Uno baila como es en la vida. Es una comunidad donde el baile es un reflejo de cómo somos como sociedad”. Laura, que baila hace cinco años pero que el tango fue siempre parte de su vida, me dijo algo similar y le dio mucha importancia a la conexión al bailar: “el abrazo de por sí genera una conexión de cuerpo a cuerpo. Directa. Porque cuando vos aprendés a bailar bien no pensás en lo que estás haciendo con los pies, van solos. Entonces, los dos escuchan la misma música y a veces te emocionas bailando con alguien, porque es muy fuerte. Y eso tiene que ver con la pasión por lo que estás haciendo, por el tango, por el baile, y por la conexión”. Para Ana María, una señora rubia muy solidaria y predispuesta que baila tango hace veinticinco años, el tango es una alegría sin fin, no es triste. Me dijo que las letras están para ser interpretadas, pero que bailar da alegría. “La milonga es un lugar de contención. Es un lugar de aglutinamiento importantísimo. No importa tu profesión, tu clase social. Todos están para lo mismo. Todo el mundo es bienvenido y eso es maravilloso. Es un lugar de pertenencia.”

Cuando terminé de hablar con ella fue rápidamente a su asiento para no perderse el baile del Grupo de Trabajo Coreográfico: veinte parejas que con una coordinación extraordinaria y dos meses de ensayo me dejaron con una sonrisa hasta el final de la noche.

Pasaron unos minutos más y llegadas las 12 decidí dejar la fiesta.

Saludé a todos y a cada uno y dejé a los bailarines, a sus pies y a sus abrazos atrás. Bajé las escaleras y salí por el mismo lugar por donde entré, el mismo lugar por el que sé que en algún otro momento volveré a pasar.

Cuando llegué a mi casa, a las 12:30, ya tenía esta nota casi terminada ya que, como lo confirmé esa noche, las historias las hacemos entre todos.


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