Georgina Orellano: "Entendimos que teníamos que re-apropiarnos de la injuria y llenarla de cont

Hace 13 años es trabajadora sexual y, actualmente, es la Secretaria General de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina). Fue la mujer más joven en llegar a tener una secretaría a nivel nacional en la CTA. Se reconoce como “puta y feminista”.

#Conversamos con Georgina Orellano.

#Conversando: ¿A qué edad comenzaste en el trabajo sexual? ¿Fue por decisión propia, o por ser “la única salida”?

Georgina: “Soy trabajadora sexual desde los 19 años; en su momento, apenas terminé mis estudios secundarios comencé a buscar trabajo como lo hace la gran mayoría de las personas. Los trabajos a los que podía acceder, claramente por mi condición de mujer y por mi pertenencia de clase (vengo de los sectores populares), eran trabajos muy precarios, trabajos mal pagos. Comencé siendo niñera, trabajando en casas particulares. Conocí el trabajo sexual porque la mamá de los 4 chicos que yo cuidaba era prostituta, aunque yo al principio no lo sabía. Después de trabajar un año cuidando a sus niñxs me contó que era trabajadora sexual cuando yo le dije que quería poder conseguir un trabajo como el de ella, que me había dicho que era empelada de un hotel, y yo veía que no solo tenía independencia, manejaba sus horarios, sino que tenía una solvencia económica que era la que yo con esa edad deseaba; poder mantenerme sola, poder tener mis cosas. Ella me empezó a contar, una vez que comencé a ser su confidente, cuestiones relacionadas al trabajo, el tema de los clientes, cómo le iba en los días. Encontró en mi una confidente, donde hicimos un pacto en que yo no le iba a contar a nadie que ella era trabajadora sexual. Y así fue como una tarde, cuando ella llegó de trabajar, me comentó que había un cliente que estaba buscando una trabajadora sexual por la zona, pero que él quería algo onda ´novios´ y que no quería que la chica en cuestión sea de la zona, de Capital Federal, porque él era de ahí; entonces ella me dijo que cuando este cliente le detallaba cómo tenia que ser la chica que estaba buscando, ella pensó que claramente podía ser yo. Por supuesto que le dije que estaba loca, que no, que yo no iba a hacer eso. Después, caminando en mi casa y poniéndome a pensar, dije que podía ser una buena opción laboral, aunque sea para probar, para ver si me sentía cómoda, si me sabia desenvolver, así que lo tomé como una prueba primero para atender a ese cliente. Fue un trabajo en el que me di cuenta que yo lo podía hacer, en el que me sentí cómoda, en el que descubrí un montón de cosas. Descubrí otro mundo, yo pensé que era un mundo malo, un mundo oscuro, pero la verdad es que descubrí muchas cosas ahí, mucha solidaridad entre las compañeras, consejos. Así que me decidí por el trabajo sexual, porque en comparación a los trabajos a los que yo accedía en ese momento me redituaba económicamente mejor y era un trabajo en el que yo me sentía cómoda. Por todo esto decidí ser trabajadora sexual”

#C: Cuando lo pudiste decir abiertamente ¿a qué tipo de “prejuicios” te enfrentaste?

G: “Recién pude contarle abiertamente a mi entorno familiar cuando comencé a militar en AMMAR, y cuando conocí qué derechos teníamos, cuando supe que mi trabajo no era delito y cuando me di cuenta a que respondía el hostigamiento policial, la violencia institucional, el pago de coimas y también la vergüenza que yo sentía en ese momento al ejercer el trabajo sexual. Le conté a mi mamá cuando tuve las herramientas necesarias para, primero, sacarme la mochila de culpas que tenía sobre mis espaldas que pesaban demasiado, segundo para romper con esa doble vida que durante 8 años llevé adelante, mintiéndole a mi entorno familiar, diciéndole que era otra cosa, escondiendo el dinero, vistiéndome de manera distinta, teniendo 2 celulares. Cuando se lo pude decir, la verdad que sentí que me sacaba un peso de encima, me sentí liberada, y me sentí feliz, y lo que más feliz me hizo, fue que mi familia me aceptó”

FOTO: Facebook Georgina Orellano AMMAR

#C: ¿Cómo llegaste a tener contacto con AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina)?

G: “Yo conocí a AMMAR apenas comencé a ejercer la profesión, porque las compañeras hacían un fuerte trabajo territorial que consistía en presencias con recorridas, repartiendo preservativos, folletería, números de abogadxs, direcciones de la organización, pero en ese momento no me sentía interesada con la organización. Cuando yo fui mamá y tenía 23 años volví a ejercer el trabajo sexual y teníamos un fuerte hostigamiento por parte de un vecino que estaba juntando firmas para sacarnos de la zona de trabajo y vimos que peligraba nuestra fuente de trabajo. No sabíamos qué hacer y nos volvimos a acercar a AMMAR, que nos invitó a participar de un taller de salud sexual y reproductiva, que trajeron al barrio a una ginecóloga del hospital Álvarez del barrio de Flores para que nos de una charla de prevención, de nuevas enfermedades de transmisión sexual; ahí les contamos lo que estábamos padeciendo y las compañeras nos dieron todo su acompañamiento y nos solucionaron el problema. En un corto plazo sentimos que ellas pudieron resolver nuestro problema, que nos preocupaba un montón. Sentimos que no estábamos tan solas, nos dio la seguridad de que si pasaba algo teníamos una organización que nos apoya, nos contiene y que responde por nosotras. En forma de ´agradecimiento´ empezamos a militar en distintas charlas, en actividades puntales, fechas claves, etc. Así empecé a conocer más a fondo lo que era la organización, por qué estábamos organizadas, qué se le pedía al Estado, por qué luchábamos, y comencé a enamorarme más y más y en un momento sentí que era mi hogar, que AMMAR era mi lugar, y así como mis compañeras me habían resuelto el problema (a mí y a mis compañeras) en mi lugar de trabajo, yo tenia que hacer lo mismo con otras compañeras, y así me quede”

#C: Esta es tu última “gestión” como Secretaria General, ¿qué avances consideras que vienen teniendo?

G: “Este año hubo elecciones en AMMAR, donde por consenso en una plenaria del año pasado nosotras decidimos volver a presentar una lista para conducir el sindicato por 4 años más. Recibimos el apoyo del 98% del padrón, de compañeras que apostaron nuevamente a que sigamos en la gestión hasta abril del 2022. Creemos que esta sí va a ser nuestra última gestión porque lo ´ideal´que nosotras quisiéramos para nuestro modelo sindical, es la renovación de liderazgos y poder acompañar desde otro lugar el proceso de organización. En resumen, para nosotras el logro de nuestros primeros 4 años de gestión, fue la visibilidad. Mas allá de que AMMAR es una organización que tiene 23 años, y sea parte de la CTA, creemos que nosotras hemos logrado recuperar espacios de los cuales hemos sido históricamente excluidas, como el Encuentro Nacional de Mujeres, como ser parte del Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo, ser parte de la agenda feminista, cosa que antes nos costaba un montón, eran espacios donde nos sentíamos incómodas, con mucha discriminación. Sentimos que ese es nuestro principal logro, la permanencia de AMMAR dentro de los feminismos, más allá de las discusiones que haya sobre nuestro trabajo, hoy nadie puede negar que las trabajadoras sexuales somos parte del movimiento feminista, parte de esta nueva ola y que claramente somos feministas. Hemos logrado instalar el debate del trabajo sexual no solo dentro de los feminismos, sino también en distintos espacios; hoy por hoy hay muchos centros de estudiantes, sindicatos, partidos políticos que nos convocan a nosotras y que han puesto dentro de sus plataformas la discusión sobre el trabajo sexual y creemos que eso también es un logro de nuestra lucha, de nuestra visibilidad, de la continuidad en el trabajo organizando a las compañeras, pero también de llevar nuestras voces a la mayor cantidad de espacios posibles, eso es lo que hemos logrado en estos 4 años. Y en los 4 años que vienen, queremos profundizar lo logrado hasta ahora, pero comenzar a lograr cuestiones que mejoren la calidad de vida de las trabajadoras sexuales; creemos que la visibilidad y la organización claramente mejora en cuanto al estigma, la discriminación, en romper con el aislamiento social que históricamente ha empujado a que la puta se piense por fuera de la sociedad y sea totalmente cuestionada, juzgada, y que muchas de nuestras compañeras teman que sus familias se enteren de que son prostitutas y sean excluidas de sus entornos. Queremos lograr políticas públicas, a la salud, la vivienda, la educación. Queremos una legislación clara donde nosotras nos podamos amparar y que la policía deje de hostigarnos, perseguirnos y coimearnos. Ese es el desafío, que en estos 4 años las discusiones se den donde se toman las decisiones y donde se deberían desplegar las políticas publicas para todas y todos”

FOTO: Facebook Georgina Orellano AMMAR

#C: Como trabajadoras sexuales vienen dando una pelea tenaz contra el “abolicionismo”, ¿nos contás un poco de que se trata?

G: “Cuando nosotras comenzamos a caminar los espacios feministas, como el Encuentro Nacional de Mujeres, nos topamos con muchas otras mujeres de otros sectores que negaban nuestra capacidad de agencia, cuestionaban nuestra palabra, des-legitimaban nuestros testimonios, y se amparaban diciendo que ellas acordaban más con el ´abolicionismo´, o que eran abolicionistas, o que no creían que la prostitución pueda ser un trabajo, porque lo ven como una violencia que reproduce el patriarcado hacia los cuerpos de las mujeres, lesbianas, travestis y trans. Nosotras no comprendíamos lo que era el abolicionismo, ni tampoco qué significaba, hasta que decidimos empezar a formarnos en cuestiones de género, de feminismo, y comenzar a entender, o a traducir, por qué esa otra compañera que levanta la bandera de la lucha por la igualdad, que dice que el Estado no debe intervenir en la toma de decisiones que tomamos las mujeres sobre nuestros propios cuerpos, o que alza la bandera de ´mi cuerpo es mío, yo decido´ pero que cuando aparece una trabajadora sexual dentro de sus espacios, todas están tratando de decidir qué es lo que deberíamos hacer, o no, nosotras con nuestras propias vidas. Nos parecía muy contradictorio, nos sigue pareciendo muy contradictorio. Pudimos comprender desde qué ideología se paran, bajo qué argumentos teóricos, y por qué piensan lo que piensan. Claramente nosotras no acordamos con su feminismo, no acordamos con la postura que llevan adelante y cómo despliegan su feminismo en la vida diaria de las trabajadoras sexuales; hubo un momento, a partir del 2008 en adelante, en donde en nuestro país se llevaron adelante políticas para combatir la trata de personas, que la mayoría fueron incididas por abolicionistas que hoy forman parte del Estado y han institucionalizado ese feminismo, que ha precarizado y criminalizado aún más nuestras vidas. Entonces, creemos que una cosa es lo que piensan desde la teoría y otra cosa es lo que piensan desde la practica-, no se lucha por políticas públicas concretas y reales, trabajo digno, trabajo genuino, sino que el despliegue de políticas que ellas incentivaron y militaron fueron políticas punitivistas que le terminaron otorgando mayor poder a la policía y cerrando un montón de fuentes de trabajo a nuestras compañeras, entonces desde el vamos no acordamos con esa lógica que llevan a cabo, no nos sentimos representadas. Lo que vemos ahora es que, de un tiempo a esta parte, el abolicionismo tenía ganada toda la cuestión de la militancia, en los espacios sólo las voces de ellas eran las voces y los discursos hegemónicos escuchados, y con la aparición en la escena política del sujeto de las trabajadoras sexuales organizadas, creo que un poco eso se les desmoronó. Hoy hay un interés de muchos sectores de escuchar nuestras voces, hay muchas feministas que cuestionan al abolicionismo de la misma forma que lo hacemos nosotras, o que no acuerdan con su feminismo y por eso esa idea de expulsarnos de los espacios, o ese intento de no querer escuchar nuestras voces. Claramente creemos que el abolicionismo entendió que en el momento en que se les daba voz a las trabajadoras sexuales, ellos comenzaban a perder espacios, y eso fue lo que sucedió”

#C: ”Putas feministas”, así se reconocen en el medio de esta gran ola de crecimiento del movimiento de mujeres: ¿Cómo llegan a esta definición?

G: “Nos reconocemos como ´putas y feministas´ porque esa es la corriente dentro del feminismo donde las trabajadoras sexuales nos sentimos totalmente representadas. Es un movimiento por y para las putas; es un movimiento internacional que nació en Brasil a través de Gabriela Leyte, que fue la primera prostituta visible en América Latina, que reivindicaba la palabra ´puta´ como parte de la identidad política y también la palabra ´prostituta´; a nosotras nos costó mucho, quizás porque estamos atravesadas por mandatos socio-culturales que siguen arraigados en nuestra sociedad, en nuestras vidas, en nuestras mentes, entonces nos costó muchísimo dar la discusión dentro de la organización de qué hacíamos con la categoría de ´putas´ y ´prostitutas´, si la hacíamos parte o no, si negábamos esas etiquetas. Recién en el año 2015, donde participamos de un encuentro que se hizo en Barcelona, conocimos que ellas reivindicaban la palabra ´puta´ con una potencia política que nos interpeló un montón; trajimos esa discusión a nuestro sindicato y definimos que si acá, en nuestra cultura, la palabra ´puta´ es utilizada como un insulto, claramente parte de eso era porque nosotras nos negábamos también a esa palabra. Entendimos y comprendimos que la disputa y la lucha no tienen que ser solo a partir de legislaciones, sino que también tenemos que dar una gran batalla cultural, porque hay que derribar ciertos pre-conceptos que están muy instalados en nuestra sociedad machista y patriarcal, y que la lucha también tiene que ser a través del lenguaje, entendimos que todo lenguaje es político; entendimos que teníamos que re-apropiarnos de la injuria y llenarla de contenido político. Por eso nos reivindicamos como putas, y feministas, porque nosotras creemos que somos feministas, que defendemos la elección y decisión de cada una sobre su propio cuerpo, que el Estado tiene que garantizar que las elecciones que nosotras tomamos para con nuestras propias vidas no sean criminalizadas por legislaciones, ni por el derecho penal, y que la sociedad tiene que respetar. Por eso somos putas y feministas”

FOTO: Facebook Georgina Orellano AMMAR

#C: ¿Cuál es el rol de la policía frente al trabajo sexual?

G: “Para nosotras, la policía cumple el rol de ser el patrón histórico de las trabajadoras sexuales. Mientras el trabajo sexual siga en la clandestinidad total, se va a seguir permitiendo que la policía, las fuerzas de seguridad, los operadores judiciales, sigan sosteniendo el negociado, y eso les permite amedrentarnos, hostigarnos, coimearnos, detenernos de manera arbitraria. Hoy por hoy, la policía goza de un poder total de impunidad a través de códigos contravencionales, códigos de faltas, decretos provinciales u ordenanzas municipales, que les terminan otorgando mayor poder para que ellos apliquen este tipo de normativas y que nadie sea veedor de lo que hacen ellos en la vida diaria de las trabajadoras. La peor violencia que nosotras sufrimos es la violencia del Estado. Eso se va a terminar cuando el Estado legisle una política clara con respecto a nuestro trabajo, y nosotras podamos ser reconocidas como trabajadoras sexuales. Mientras sigamos en el limbo y en el vacío legal, mientras sigamos ejerciendo el trabajo sexual en la clandestinidad, mientras el Estado siga mirando para otro lado, se van a seguir beneficiando las grandes mafias”

#C: ¿Qué es y cómo surgió “Putyseñal”?

G: “Es una aplicación para denunciar violencia institucional en la vía pública. Surgió como una experiencia de organizaciones de las trabajadoras sexuales del barrio de Constitución, en Capital Federal. Se comenzó a darle un buen uso a las tecnologías que tenemos a nuestro alcance, como los grupos de Whatsapp, que los utilizábamos para dar aviso cuando se detenía a una compañera, cuando la policía molestaba a alguna de ellas; siempre accionábamos cuando algunas de las compañeras estaba en problemas y activábamos una red de contención, nos acercábamos con abogados si era necesario, si la compañera era detenida nos hacíamos presentes en la comisaria también, y no nos íbamos hasta que la compañera no saliera en libertad. A partir de eso, como hubo una muy buena experiencia con las trabajadoras del barrio de Constitución, pensamos en un dispositivo que esté al alcance de todas, sobre todo porque en estos últimos 3 años hemos visto que hay un mayor encrudecimiento de la violencia institucional, que hay un mayor hostigamiento por parte de la policía en el espacio púbico, y que es una de las denuncias mas frecuentes que llegan a AMMAR. El año pasado presentamos un informe en donde mostrábamos que el 90% de las denuncias que llegan a AMMAR tienen que ver con la violencia institucional, y que 9 de cada 10 trabajadoras sexuales alguna vez en su vida han sufrido situaciones de violencia policial”

FOTO: Facebook Georgina Orellano AMMAR

#C: Estuviste recorriendo varias partes del mundo con tu militancia, ¿nos contas un poco de eso? ¿Qué pudiste observar mundialmente en torno al trabajo sexual?

G: “En la mayoría de los países donde fuimos convocadas para dar charlas, para dar a conocer el movimiento de trabajadoras sexuales de Argentina, para dar a conocer nuestra lucha, nuestra militancia, la articulación con los feminismos, nuestras estrategias de organización y autocuidado que llevamos a cabo desde AMMAR, nos encontramos, o pudimos observar, que a nivel internacional el trabajo sexual cuenta con una negación para poder hablar de estos temas; nos sentimos totalmente hermanadas en la lucha de otras compañeras de otros países porque pasan por las mismas problemáticas que pasamos nosotras. Pudimos ver las dificultades que encuentran nuestras compañeras en la organización sindical, que tiene que ver con el estigma, la falta de empoderamiento, la discriminación, y poder compartir esas experiencias siempre nos da muchas fuerzas. La mayoría de las veces que hemos sido convocadas a los países, ha tenido que ver con esto de llevar nuestra experiencia sindical, y que ellas también nos cuenten qué hacen a diario para tratar de mejorar la calidad de vida de las trabajadoras sexuales y nosotras también copiamos de esas experiencias muy buenas que hay en Holanda, en Barcelona, Madrid. Nos sentimos muy hermanadas. Siempre lo que más les interesa y lo ven como propio de Argentina es la sindicalización-, que AMMAR sea parte de una Central de Trabajadorxs, que articulemos con otros sindicatos, que funcionemos como un sindicato, que tengamos elecciones, estatuto, afiliadas, secretariado, esa es la experiencia que más las moviliza para convocarnos, de hecho hace muy poquito las compañeras de Catalunya conformaron un sindicato, donde públicamente dijeron que quienes incentivaron a que ellas se organicen de manera sindical, fue el movimiento de trabajadoras sexuales de Argentina”

#C: *¿Qué tan cercana vez la conquista de derechos para lxs trabajadorxs sexuales?

G: “Creemos que haber tenido la posibilidad de poder discutir en el Congreso Nacional, y luego en el Senado, la despenalización y legalización del aborto y que se logro instalar social, comunicacional y políticamente una de las principales banderas de lucha de todo el movimiento de mujeres, que es luchar por tener aborto legal, seguro y gratuito, posibilita que en la agenda de los feminismos puedan llegar otros temas, que históricamente fueron excluidos, y uno de ellos es el trabajo sexual, que al igual que al aborto lo atraviesan cuestiones similares como la clandestinidad, el poder decidir sobre nuestros propios cuerpos, la ausencia del Estado, la sociedad que ocultó y oculta estos temas, porque están atravesadas por cuestiones morales, por prejuicios sexuales. Se entrelazan muchas similitudes que nos llevan a tener que acelerar el proceso de discusión y elaboración de un nuevo proyecto de ley para poder presentar en el Congreso Nacional el año próximo, y que la discusión en torno al trabajo sexual se de en el Congreso, y que podamos visibilizar las consecuencias graves que tenemos a diario por ejercer nuestro trabajo de manera clandestina. Creemos que es uno de los próximos debates que se va a instalar en la sociedad, y tenemos muy claro que es distinto a lo que sucedió con el aborto porque en ese caso está todo el movimiento de mujeres a favor y es una bandera histórica, una demanda histórica, y no pasa lo mismo con el trabajo sexual, que es uno de los pocos temas que divide a los feminismos con posiciones encontradas, irreconciliables, que genera mucha tensión, mucha violencia. No vamos a correr con tanta suerte, y las primeras que se van a oponer son las del movimiento abolicionista”

FOTO: Facebook Georgina Orellano AMMAR

#C: Estas por sacar un libro, ¿nos contas un poco de que va a tratar?

G: “El libro que voy a sacar se llama ´Puta y feminista: crónicas de una trabajadora sexual´. Trata de reflejar crónicas que tienen que ver con poder contar en primera persona las experiencias, tanto en el trabajo sexual como en la militancia por conseguir derechos para las trabajadoras sexuales, poder reflejar las discusiones que hay hacia el interior de los feminismos, poder darle mayor visibilidad a las acciones, estrategias y formas de organización que llevamos adelante desde AMMAR, poder contar nuestros grandes logros, pero también, cuáles fueron nuestros grandes desafíos, cómo fue que pensamos volver a militar los espacios feministas y cómo fue lograr tener otra vez un taller en el Encuentro Nacional de Mujeres. El libro intenta ser un libro político y una herramienta mas para seguir llevando la discusión sobre el trabajo sexual hacia distintos espacios”

#C: ¿Hay personas con discapacidad trabajadorxs sexuales? ¿Has tenido algún cliente con discapacidad?

G: “Dentro de la organización contamos con personas con discapacidad que ejercen el trabajo sexual. No son muchas, pero conforman AMMAR, acceden a las charlas de información, acceden a asesoramientos que tienen que ver con cuestiones legales, les hacemos el acompañamiento a hacer denuncias por discriminación, sobre todo en los lugares donde terminan viviendo. Yo he contado en varias oportunidades que la primera vez que me tocó atender a una persona con discapacidad fue un servicio que me lo vino a solicitar la madre de un chico con síndrome de down que tenía 19 años; la madre vino muy avergonzada, a decirme que había buscado por todas partes, por centros educativos, información al respecto y que absolutamente nadie le pudo dar una respuesta, ni contener a la familia, que estaba atravesando un proceso muy difícil hasta de conversar con el entorno familiar, por lo que ella había decidió tomar contacto con una trabajadora sexual, por eso me había invitado a tomar un café, donde me explico cuestiones relacionadas a su hijo. Me preguntó si yo quería acceder a ofrecerle el servicio, a lo que yo le dije que sí, pactamos un encuentro, fue ella quien lo trajo, quien nos espero afuera del hotel. Para mi fue un servicio que me marcó muchísimo, me dejó muchísima enseñanza sobre un tema que, al igual que el trabajo sexual, no se habla mucho. Yo pensé que las personas con discapacidad eran personas asexuadas, nunca las pensé como personas con derecho al goce y al placer. Hay una similitud entre las trabajadoras sexuales y las personas con discapacidad, el Estado y la sociedad nos ven como personas incapaces, infantiles, donde todo el mundo habla por nosotros y por nosotras, pero nadie nos pregunta que es lo que queremos para nuestras vidas. Con ese servicio yo también rompí con mis propios prejuicios. Ese primer servicio no se lo cobré, porque sentí que yo había aprendido. La madre encontró una respuesta en una trabajadora sexual, una respuesta que ni el Estado ni el centro donde lo llevaban le habían dado. Todas las personas tenemos derecho al goce y al placer, y es un derecho que hay que hacer valer”

FOTO: Facebook Georgina Orellano AMMAR

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